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INTRODUCCIÓN
Esta presentación sobre el entrenamiento en altura está basada en
información científica, en experiencia propia, y la de otros deportistas que
durante años hemos transitado por montañas y altiplanicies en busca de un objetivo
deportivo, una aventura o buscando mejoras en el rendimiento. Mientras algunos
piensan que competir en la altura es inhumano, quienes disfrutamos el aire más
liviano como un regalo más de la naturaleza, aprendimos pacientemente a
adaptarnos a ella disfrutando de la acción deportiva.
Cualquier país que trabaja seriamente en busca de alto
rendimiento, recurre entre otros medios al entrenamiento en altura, ya sea en
centros propios o en otros países que cuenten con ellos. También se ha
relacionado el clima de regiones de montaña (altitudes similares a las de
entrenamiento) a la salud, con un efecto estimulante que brinda una sensación
de mayor bienestar general. Esto es un hecho, sin embargo, existen dudas y
controversias en el conocimiento científico acerca de los efectos sobre
diferentes aspectos del rendimiento deportivo. Esto se debe a los diferentes
métodos de investigación con diferentes protocolos, diferentes altitudes,
inclusive aún a igual altitud las condiciones climáticas suelen variar considerablemente
y las respuestas de adaptación pueden ser diferentes en cada individuo. Muchos
estudios se llevan a cabo en altitudes demasiado elevadas para lograr efectos
positivos de adaptación para el rendimiento deportivo y que tienen un efecto
paradójico invirtiendo las adaptaciones de altitudes medias. Además este
ambiente puede generar alteraciones perceptivas y cognitivas potenciales por la
fatiga y la exposición aguda, tomando desprevenidos a quienes no han tenido
experiencia en la altura. Este efecto bien conocido en el montañismo, implica
que, para predecir una buena adaptación y un buen desempeño en la altura es un
requisito haber estado en la altura, cuantas más veces, mejor.
Desde hace tiempo realizan entrenamientos en la altura equipos
deportivos y deportistas individuales en nuestro país, en algunos centros
acondicionados en forma temporal; pero para facilitar una aplicación
sistemática dentro de la estructura de la planificación deportiva se requiere
un desarrollo científico - técnico especializado trabajando en forma permanente
en el apoyo a los programas de entrenamiento y generando conocimientos.
Nuestro país cuenta con 3000 Km. de cordillera continental hacia el
oeste, con diferentes regiones a mediana altitud con fácil acceso, cercanas a
aeropuertos y ciudades importantes. Para utilizar este medio ya sea en la
búsqueda de mayores rendimientos deportivos y/o para poder competir en la
altura, es necesario crear de una vez por todas centros de entrenamiento en
altitud de forma permanente.
Clasificación de altura
La palabra atmósfera es de etiología griega y significa Atmos:
Gases y aphairo: esfera. Es decir, que es una masa de gases, humos, polvos y
vapores (se diferencian por el tamaño de sus partículas) que cubren la
superficie terrestre.
Desde el punto de vista físico las moléculas de estos gases que
componen la atmósfera se mueven a gran velocidad, tendiendo a difundirse y
ocupar cada vez mayor espacio. Esto hace que ejerzan una fuerza expresada por
unidad de superficie se denomina presión atmosférica. Esta presión equivalente
a 1000 g.
por cm2 a nivel del mar, y disminuye con la latitud.
Existen muchas clasificaciones de altitud, tales como las
meteorológicas y biológicas dependiendo de sus efectos y compatibilidad con la
vida humana. Para el montañismo, alta montaña es la que se encuentra por arriba
del dimite de las vieves perpetuas, y esta varía con la latitud. Desde el punto
de vista biológico se aceptan unos límites relacionados a la altitud divididos
de la siguiente manera: baja altitud (hasta los 1000 m.s.n.m.) aquella en la
que los individuos sanos no sufren ninguna modificación fisiológica ni en
reposo ni en ejercicio. En media altitud (hasta los 2000 m.s.n.m.) se
experimentan algunos efectos, afecta el rendimiento físico. En la llamada Alta
altitud (hasta los 5500 m.s.n.m.)
se observan modificaciones fisiológicas incluso en reposo, siendo muy
acentuadas durante el ejercicio. Muy alta altitud (Por encima de los 5500 m.s.n.m.) el efecto
deletéreo sobre las funciones fisiológicas es muy marcado. Estos límites no son
muy precisos por lo que en ambientes médico deportivos se denomina Altitud
moderada a la situada entre los 1500 y 3000 m.s.n.m., siendo estas altitudes donde se
encuentran los centros deportivos de altura y donde se realizan competencias y
concentraciones.
Cada zona montañosa tiene sus características particulares y
regionales, un microclima con diferencias atmosféricas regionales como la Antártida, el Everest, o
la cordillera de los Andes; diferencias en el terreno, como la presencia o no
de vegetación, nieve, quebradas, etc. también inciden en las sensaciones y en
algunos efectos fisiológicos. Este fenómeno es bien conocido por montañistas;
por ejemplo en el Himalaya existe vegetación hasta los 5000 metros mientras
que en nuestra cordillera central, específicamente en el Aconcagua no hay
vegetación a esa altura y los efectos de la altitud son más intensos, según
comunicación personal de montañistas himalayistas.
Efectos fisiológicos de la altura
Desde la antigüedad se conocían los efectos de la altura,
descriptos ya en los viajes de Marco Polo a través del Tibet, los
conquistadores españoles sufrieron los efectos durante la conquista de América.
Mientras tanto muchos pueblos habitaron en regiones altas desde hace 10000 años
en los Andes y 25000 años en el Tibet. Para algunos pueblos las montañas
representaban lugares sagrados donde habitaban dioses y demonios; los Incas
transitaron estos dominios llegando a realizar construcciones y a depositar
momias en altitudes superiores a los 6000 metros, en lugares
difíciles de acceder hoy.
En el siglo XIX Paúl Bert, fisiólogo francés, comenzó a estudiar
científicamente los efectos de la altura y advirtió que los efectos
perjudiciales de las grandes altitudes se debían a la disminución de la presión
atmosférica, que induce a una reducción de la presión parcial de oxígeno.
La composición química de la atmósfera es prácticamente uniforme
hasta los 20000 metros.
Sin embargo la presión y densidad atmosférica son mayores en las capas
superficiales de la corteza terrestre y disminuyen en forma exponencial con la
altitud. Hay variaciones regionales como las encontradas por la expedición
americana al Everest en la que encontraron que la presión barométrica en la
cumbre era de unos 17 torr más alta que la predicha por la organización
internacional atmosférica estándar de aviación civil.
La razón para las presiones más altas en el monte Everest es que
las presiones barométricas entre los 4 y los 16 Km. son marcadamente
dependientes de la latitud debido a la presencia de una gran masa de aire frío
en la estratósfera arriba del Ecuador, resultantes de un fenómeno de convección
y radiación. La cima del Everest se encuentra a 28° de latitud norte y por lo
tanto disfruta de esta presión más alta, de no ser así no sería posible
ascender sin oxígeno suplementario. La disminución de la presión barométrica y
la hipoxia relativa que produce es el efecto físico fundamental que inducirá
las diferentes respuestas fisiológicas en altitud.
En general la temperatura disminuye aproximadamente 1° C cada 150
o 180 metros
de ascenso pero depende de la orientación del terreno (en las laderas sur y de
mayor pendiente los cambios operan más rápidamente que en las norte o de
pendiente más suave), también puede producirse en determinados terrenos y en
ciertos horarios (según la estación) una inversión de la temperatura con
respecto al llano.
La cantidad de vapor de agua en la atmósfera disminuye con la
latitud, pero de una manera más rápida que a presión barométrica. Así
encontramos que a 2000 m.s.n.m.
disminuye un 50% y a 4000
metros, cuando la presión constituye 2/3 de la del nivel
del mar. el vapor de agua solo representa 1/4 del existente a 760 mm Hg a nivel del mar.
Esta diferencia en la cantidad de vapor explica, en parte el rápido incremento
de las radiaciones con la altitud y la perdida corporal de agua que se produce
con la estancia en la altitud. Recordemos que el aire inspirado se humidifica
con vapor de agua al ingresar por las vías respiratorias y que es aportado por
la mucosa respiratoria saturando el aire a 37° C que luego expulsamos en cada
expiración perdiendo agua. Este mecanismo está sindicado como el de mayor
relevancia en la deshidratación provocada por la altura. Además el viento es un
factor potenciador aumentando la pérdida calórica y la deshidratación.
La fuerza de gravedad disminuye en proporción al cuadrado con la
distancia al centro de la tierra, disminuyendo la aceleración 0,003086 m/seg.
cada 1000 metros
de altura por lo que el tiempo de vuelo y la distancia recorrida por un cuerpo,
lanzado con una fuerza determinada será mayor en altura que a nivel del mar.
La exposición a la irradiación solar aumenta con la altitud de la
siguiente manera: 2 a
4% cada 100 metros,
aproximadamente hasta llegar a los 2000 metros y en 1% cada 100 metros a partir de
los 2000 metros.
La reflexión de la nieve puede determinar un incremento del 75% al 90% con su
presencia. Tanto las radiaciones infrarrojas como las ultravioletas siguen el
aumento general, si bien las UVB (causantes de las quemaduras solares y de la
inflamación de la córnea) parece que aumentan más.
La resistencia del aire también se ve afectada por la altitud ya
que disminuye densidad al disminuir la presión barométrica. Este hecho es
importante en dos sentidos.
· Porque la reducción de la densidad del aire
reduce el trabajo que deben realizar los músculos respiratorios para vencer la
resistencia de las vías aéreas.
· Porque esta reducción en la densidad del aire
también reducirá la resistencia que tiene que vencer un corredor, esquiador o
ciclista para mantener una velocidad determinada.
Resumen: El factor físico más importante en la altitud es la
disminución de la presión barométrica, que es progresiva conforme subimos a
mayores altitudes. Debido a esa disminución disminuye la presión parcial de
oxígeno del aire, con lo que baja la presión de oxígeno en la sangre arterial,
dando lugar a una hipoxia relativa. También disminuirán la temperatura, la
humedad relativa, la fuerza de gravedad y la resistencia del aire. Y aumentarán
las radiaciones.
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Respuesta fisiológica aguda a la altura
Consideramos respuesta aguda la puesta en marcha de los mecanismos
regulatorios que se producen en el organismo como consecuencia de la exposición
súbita a la altitud (hipobaria) hasta el tercer día aproximadamente,
considerándose respuesta crónica o adaptación los cambios que se producen a
partir de ese día.
En reposo:
El factor principal que afecta la respuesta del organismo a la
altitud es la disminución de la presión barométrica, que producirá un descenso
de la presión parcial de oxígeno en el aire inspirado. Debido a ello, el
gradiente de presión entre el alveolo y la sangre venosa del capilar pulmonar
disminuirá en la altitud y la presión de oxígeno en la sangre arterial (Pa O2)
se reducirá. Los quimioceptores situados en la aorta y en los cuerpos
carotideos, al ser muy sensibles a los cambios en la PaO2, mandaran impulsos al
centro respiratorio para aumentar la ventilación pulmonar. Así pues, la primera
respuesta aguda a la altitud es el aumento de la ventilación.
La segunda respuesta es el aumento del gasto cardíaco mediante un
aumento de la frecuencia cardiaca, fundamentalmente debido a un aumento de la
actividad simpática. Este aumento del gasto cardíaco se produce solo en la respuesta
aguda, ya que en estadías prolongadas el gasto disminuye debido a una
disminución del volumen sistólico. La frecuencia puede incrementarse por
ejemplo un 10% a 2000
metros durante los 3 primeros días y hasta un 50% a 4500 metros, luego con
la aclimatación desciende, por esta razón puede ser utilizada como índice de
adaptación.
A nivel hematológico, se observa en esta fase aguda una pérdida de
volumen plasmático, que produce una hemoconcentración. Esta hipovolemia parece
causada por una serie de factores entre los que se encuentran el aire frío y
seco, que aumentará la perdida insensible de agua por las vías respiratorias,
asociada a la hiperventilación y un posible aumento de la permeabilidad de la
pared capilar. También se aprecia un aumento del pH de la sangre, debido a la
pérdida excesiva de CO2 (hipocapnia) a través de los pulmones por el aumento de
la ventilación, dando lugar a una alcalosis respiratoria. Esta alcalosis tarda
de dos a cuatro días en compensarse por la excreción de bicabornato por los
riñones. Otro efecto hematológico agudo importante es el aumento de 2, 3 -
difosfoglicerato, casi inmediatamente después de la llegada a la altitud. Este
aumento producirá una disminución en la afinidad de la hemoglobina por el
oxígeno, con lo que la curva de disociación de la hemoglobina se desplazará
hacia la derecha, favoreciendo la liberación de O2 a los tejidos.
Durante la exposición aguda, las catecolaminas, los
corticosteroides, la hormona antidiurética, las hormonas tiroideas y el
glucagón aumentan en forma importante, por el contrario la aldosterona y la
renina disminuyen. Mientras que los niveles de insulina se incrementan en la
fase aguda, regresan a los valores normales al cabo de una semana. Durante la
hipoxia crónica, en reposo disminuye o no se modifica. La testosterona y las
hormonas gonadotroficas aparentemente no se modifican por exposición aguda a la
altura. Pasados unos días estos valores se normalizan permaneciendo solamente
baja la insulinemia y posiblemente elevadas las catecolaminas.
Metabolismo:
Desde el inicio, tanto en la fase de hipoxia aguda como crónica
hay una importante disminución en el uso de lípidos como sustrato energético
(cociente respiratorio de 0,7) y un incremento en el uso de carbohidratos
(cociente respiratorio de 1,0). Varios estudios realizados en altitud confirman
el mayor porcentaje de energía partir del consumo de carbohidratos. Un cociente
respiratorio más elevado, a una presión alveolar de CO2 incrementa la PO2 alveolar mejorando la
disponibilidad de O2 por lo que podría ser considerado un mecanismo
compensatorio. En la exposición aguda a la altura, existe una menor glucemia,
sin embargo la captación de glucosa libre dentro de la célula (glucocitosis).
Esta podría ser otra causa de los niveles bajos de lactato durante el ejercicio
y en los nativos.
También durante la fase aguda aumenta la tasa metabólica basal,
parece que el efecto depende de la altitud y persiste durante la exposición
crónica por arriba de los valores normales. Probablemente se deba al incremento
de las catecolaminas pero debe considerarse que este incremento en el consumo
diario de energía debe equilibrarse con un aumento en la ingesta alimentaría
para minimizar la perdida de peso.
En el sistema nervioso autónomo se produce durante la fase aguda
una hiper - simpaticotomía, mientras que en la fase crónica predomina una hiper
parasimpaticotomía.
Durante la aclimatación se produce una disminución del agua extra
e intracelular, así como una disminución en el volumen plasmático, el ejercicio
puede confundir o agravar este efecto. Por esta causa suelen observarse
disminución en el peso corporal sin disminución real de la masa corporal.
En ejercicio:
Cuando se realiza ejercicio físico en altitud, la ventilación y la
frecuencia cardiaca se mantienen elevadas por encima de los valores a nivel del
mar, para la misma carga de trabajo. Estos cambios no logran compensar el
efecto que la hipoxia, debida a la menor PaO2 produce en el consumo máximo de
oxígeno y en el rendimiento aeróbico, viéndose estos parámetros claramente
disminuidos.
Hasta hace relativamente poco tiempo, era aceptado que el consumo
de máximo de O2 disminuía en altitudes a partir de los 1200 - 1500 metros siendo esta
disminución mayor cuanto más elevada fuera la altitud. La mayor o menor disminución
también dependía de factores individuales. Con respecto a ello, algunos autores
pensaban que las personas sedentarias con baja capacidad aeróbica se verían más
afectadas en su consumo de oxígeno máximo que las entrenadas con alta capacidad
de consumo de O2. Estudios recientes confirman que la altitud no solo afecta
más a deportistas de elite, sino que a partir de 900 metros estos sufren
una disminución significativa del consumo de O2 sin que las personas
sedentarias se vean afectadas a esa altitud. Factores relacionados con la
capacidad de difusión pulmonar en relación con la superficie corporal o en
relación al valor absoluto de consumo máximo de O2 se consideran como causa de
esta respuesta diferencial. Por otro lado en esta etapa se observan niveles de
lactato superiores a los encontrados a una mismo carga de trabajo submáxima a
nivel del mar, probablemente mediada por el aumento de catecolaminas.
Como consecuencia de esta respuesta fisiológica, habitualmente se
observan algunos sintomas como insomnio, cefaleas, vértigo, apatía, falta de
apetito, fatiga prematura durante los esfuerzos físicos, broncoespasmo en
hiperreactivos bronquiales, taquiarritmias, hipertensión arterial. Estos
síntomas mejoran con la aclimatación gradual y no suelen tener complicaciones
en altitudes moderadas.
Respuestas fisiológicas crónicas. Aclimatación y adaptación a la
altitud
Los efectos de la altura son tiempo dependientes y permiten
distinguir dos estrategias de regulación biológica para sobrevivir en un
ambiente hostil de acuerdo al tiempo de exposición, una de aclimatación y otra
de adaptación. Una tercera estrategia comprende los fenómenos regulatorios que
pueden cambiar casi instantáneamente en la exposición aguda (ver respuestas
agudas). La aclimatación es una adaptación fenotípica, es decir que se
desarrolla en el transcurso de la vida del individuo. Son cambios reversibles
que desaparecen al cesar el estímulo hipóxico.
La adaptación es definida como el desarrollo de ciertas
características anatómicas y fisiológicas, provocadas por los agentes
estresantes del ambiente, y que permiten al ser vivo vivir en la altura sin
necesidad de cambios en su organismo. Las adaptaciones son progresiva y
genéticamente fijadas, y son permanentes. La capacidad de adaptación puede ser
un rasgo genéticamente fijado de un individuo o de una especie.
En los individuos nacidos en la altura suelen encontrarse algunas
modificaciones estructurales tales como el aumento del diámetro torácico, mayor
hipertrofia cardiaca, y otras modificaciones estructurales y funcionales. En
algunos animales se observa una adaptación genética, como por ejemplo la llama,
el guanaco, o la oca cenicienta que vuela a 8000 metros de altitud.
Cuando la estadía en altitud se prolonga unos días se producen una
serie de adaptaciones fisiológicas en el organismo (algunas iniciadas desde el
primer momento y otras de aparición más tardía) encaminadas a compensar la
menor presión de O2 en el aire inspirado.
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Respiración
A pesar de que la concentración de O2 en la atmósfera no cambia,
la presión parcial si lo hace ostensiblemente. Si una persona no aclimatada
asciende en poco tiempo a una altitud moderada, o alta sufre una serie de
síntomas, conocidos como mal agudo de montaña. La base del problema parece
estar en la pérdida excesiva de CO2 por los pulmones y la consecuente pérdida
de bicarbonato, junto a la relativa hipoxia, favorecen la salida de iones de
potasio desde el compartimento intracelular al extracelular. Los mecanismos que
pueden llevar a esta situación son los siguientes:
El descenso de la PO2
atmosférica y de la PO2
alveolar produce la estimulación de los quimioreceptores periféricos,
especialmente de los cuerpos carotídeos, pero no de los del SNC. Esta
estimulación incrementa la ventilación alveolar, por aumento de la profundidad
y frecuencia respiratoria y disminuye el espacio muerto respiratorio; ambos
cambios llevan a una mayor pérdida de CO2 y descenso de la PCO2 por lo tanto al
establecimiento de hipocapnia arterial (alcalosis respiratoria). La hipoxia
también puede generar una vasoconstricción en la circulación pulmonar y elevar
la presión media de perfusión, llegando a generar cuadros de hipertensión
pulmonar. Todos estos mecanismos se hacen más notorios en grandes altitudes de
entrenamiento.
La ventilación permanece aumentada durante toda la estadía en
altura. Sin embargo las personas que nacen y viven en altura presentan una
respuesta completamente diferente, pues tienden a hipoventilar y a mantener un
menor gradiente alveolo-arterial de O2, posiblemente debido a que tienen una
mayor capacidad de difusión pulmonar y una mayor densidad capilar pulmonar.
La hiperventilación que se realiza en altitud irá acompañada de
una disminución de la PaCO2
(hipocapnia), que se acompaña de un aumento del pH en el líquido cefalorraquídeo,
ya que CO2 atraviesa fácilmente la barrera hematoencefálica. Para evitar que el
líquido cefalorraquídeo se alcalinice, se excreta bicarbonato del LCR, lo cual
mantiene el estímulo sobre los quimiorreceptores periféricos. Esta hipocapnia
puede provocar vasoconstricción cerebral.
Transporte de oxígeno
Después de unos 3 a
6 días el gasto cardíaco disminuye, tanto en reposo como en ejercicio submáximo
debido a una disminución del volumen sistólico.
Algunos autores opinan que después de períodos muy largos de
aclimatación el gasto puede acercarse a valores obtenidos a nivel del mar. En
grandes altitudes la frecuencia cardiaca máxima disminuye, llegando a valores
como de 135 latidos por minuto; quizás pueda entenderse este fenómeno como un
mecanismo de protección ante requerimientos metabólicos en esfuerzos excesivos
en hipóxia hipobárica.
El 2,3-DPG se mantiene elevado durante la estancia en altitud con
el correspondiente efecto de desplazamiento a la derecha sobre la curva de
disociación de la hemoglobina, favoreciendo la liberación de O2 a los tejidos.
La producción de glóbulos rojos que comienza durante la exposición
aguda a partir de los 1500
metros (entre los 3 a 5 días de estadía) se hace palpable
aproximadamente a las dos semanas aproximadamente. El origen de esta producción
es el estímulo que realiza la hipoxemia a nivel renal, produciendo un aumento
en los niveles de eritropoyetina que llega a punto máximo aproximadamente al
mes, que a su vez estimulará la producción de eritrocitos en la médula ósea. El
volumen plasmático permanecerá disminuido durante aproximadamente dos meses.
El consumo máximo de O2 mejora durante el período de aclimatación,
debido a la mejora del transporte de O2, pero sin llegar a los valores
alcanzados a nivel del mar.
Hormonas
Las modificaciones hormonales son de difícil valoración por la
cantidad de factores externos que influyen en las personas expuestas a la
altitud, como son el frío, el estrés, el ejercicio físico, etc. lo cual da
resultados contradictorios. De los pocos estudios existentes se puede concluir
que los niveles de catecolaminas están aumentados durante las estadías en
altitud y en personas aclimatadas, tanto en reposo como en el ejercicio, al
igual que la hormona del crecimiento (HGH).
Los ejercicios en alturas extremas (superiores a 4000 metros) originan
una elevación de la HGH. Por
otra parte, en estudios de autores como Reynaud, la HGH está mas elevada en reposo
en los nativos de las montañas que en los habitantes de nivel del mar. Estos,
al ascender en la montaña, aumentan los niveles de reposo, aunque no alcanzan
los encontrados habitualmente en los nativos. Tras un ejercicio efectuado en
estas cotas, los niveles plasmáticos de HGH se elevan más en los montañeros
frente a los valores encontrados en los nativos para el mismo esfuerzo.
Igualmente, y de acuerdo con los diversos autores, la HGH en estas altitudes posee
un período de liberación más tardío y de menor vida media en los montañeros,
por un posible defecto en el aclaramiento hormonal.
Metabolismo muscular
En este apartado es donde existe mayor controversia entre
diferentes investigadores. El hecho de que las modificaciones a nivel del
metabolismo muscular van a influir mucho en el rendimiento y que los cambios
son más duraderos que las adaptaciones que las logradas por otros medios, hacen
esto más interesante no solo para las estancias en altitud sino para el
posterior regreso a nivel del mar. El sentido y la magnitud de esas
modificaciones nos pueden ayudar a conocer los factores que estimulan o inhiben
las vías energéticas. Por la relación que tienen entre si todos los componentes
musculares, se consideran bajo el mismo epígrafe todas las modificaciones tanto
histológicas como metabólicas.
Resumen de las
adaptaciones principales y las que se producen a mediana altitud
Durante el ejercicio exhaustivo en altura se ha encontrado que los
sustratos de nucleótidos de adenina fueron menos depletados y hay una menor
degradación de glucógeno. Mientras tanto un elevado pH intramuscular, y bajas
concentraciones de lactato en músculo y sangre se encontraron en sujetos
aclimatados.
Masa muscular
La mayoría de los autores coincide en que durante estancias muy
prolongadas en altitud hay una pérdida de masa corporal, sobre todo por encima
de los 5000 metros.
Existen pocos estudios al respecto. Sin embargo, en estudios llevados a cabo a 5050 metros por B.
Kayser encontraron que la hipertrofia muscular en flexores del codo era 2/3 de
la del nivel del mar, así parece ser que la hipoxia crónica reduce el potencial
para la hipertrofia del músculo esquelético humano. Probablemente este efecto
se deba a alteraciones hormonales como la disminución de los valores de
insulina. Si bien la hormona del crecimiento aumenta durante el ejercicio en
hipoxia aguda, la acción sobre el músculo esquelético es probablemente mediada
por el factor de crecimiento insulínico. Por otro lado en altitudes de 2000 metros la masa
muscular no sufre efectos importantes. Grosor de fibras: Después de estancias
superiores a los 4000
metros se aprecia una reducción del tamaño de las fibras
musculares, principalmente debido a la pérdida de proteínas miofibrilares. Aún
no se ha podido diferenciar si esto se debe al efecto de la hipoxia o a la
atrofia fisiológica debido a la menor cantidad de la actividad física y/o
nutricional.
Mitocondrias
Los estudios en los que se ha valorado la cantidad (volumen) de
mitocondrias en el músculo, después de estancias en altura, muestran datos muy
contradictorios; en algunos de ellos se aprecia un mayor número de mitocondrias
pero de menor tamaño. Otros autores han mostrado aumentos en la cantidad de
proteínas mitocondriales o en el volumen relativo, evidenciando una posible
activación de las estructuras responsables del metabolismo aeróbico. Por
contraposición a esos resultados, estudios recientes, pero realizados tras
estancias superiores a 6000
metros, muestran disminución en el volumen total de
mitocondrias musculares de casi un 20%.
La divergencia entre estos estudios (algunos de ellos realizados
por los mismos autores, con la misma metodología) solo es explicable por las
diferentes altitudes utilizadas y por la influencia del ejercicio físico y de
una nutrición incorrecta.
Mioglobina
La mioglobina realiza una importante función en la fibra muscular,
facilitando el transporte de oxígeno del capilar a la mitocondria y además como
almacén de O2. También podría tener la función de mantener suficientemente baja
la presión intracelular de O2 para facilitar el gradiente de difusión del
oxigeno capilar al interior de la célula. En el músculo humano los datos son
muy escasos, aunque parecen indicar que las personas que nacen en altura, las
concentraciones de mioglobina son mayores, mientras que las que realizan un
período de aclimatación en altitud, en algunos casos aumenta y en otros no.
Algunos estudios encontraron después de un período de entrenamiento intensivo,
una disminución de la mioglobina en deportistas de élite, mientras que en
situaciones de altitud, cuando el estímulo de hipoxia es suficientemente
intenso, se producen en el músculo entrenado aumentos significativos en la
concentración de mioglobina.
Capilares
Los estudios llevados a cabo en alturas moderadas muestran una
clara tendencia a que aumente la densidad capilar en el músculo, se discute si
hay un aumento de la densidad capilar o si se debe a la disminución del tamaño
de la fibra muscular. En este último caso mejora la distancia de difusión de
los nutrientes.
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Utilización de sustratos
En los pocos estudios realizados en seres humanos, se ha observado
que durante el ejercicio submáximo en exposición aguda hay un aumento en la
movilización de ácidos grasos libres y de su metabolismo. También se observó
que después de un período de aclimatación de 18 días a 4300 metros (altitud
elevada), los niveles de ácidos grasos libres en reposo eran tres veces
superiores a los de nivel del mar, y que realizando ejercicio submáximo, al 85%
del VO2 máx. la depleción de glucógeno era mayor, lo que evidenciaba una mayor
utilización de grasas. Este aumento en la movilización de ácidos grasos puede
atribuirse al incremento de catecolaminas.
Metabolismo glucolítico
Cuando se estudiaron las actividades de las enzimas glucolíticas
en animales no se encontraron cambios con respecto a nivel del mar. Sin embargo
cuando se estudiaron en seres humanos se observaron grandes discrepancias. En
estudios a 2300 metros
con deportistas de élite, con grupo control mostraron una disminución de
enzimas glucolíticas (PFK y LDH) en el grupo que entrenaba en altitud.
Metabolismo oxidativo
En el estudio mencionado anteriormente se abservó un aumento
significativo de las enzimas oxidativas. Cuando se utilizó un modelo de
ejercicio con una sola pierna, utilizando la otra como control, para poder
realizar la misma intensidad y volumen de entrenamiento en valores absolutos,
en altitud y a nivel del mar durante cuatro semanas, las piernas que entrenaron
a nivel del mar aumentaron sus enzimas oxidativas, pero las que entrenaron en
altura aumentaron significativamente mayor.
Capacidad tampón (buffer)
Mizuno et. al. (1990) realizaron un estudio de esta capacidad en
relación a la altitud; en el se ha comprobado que después de un período de
entrenamiento en altitud moderada de 2500 - 3000 metros, un grupo
de esquiadores de fondo, de alto nivel, mostraron un VO2 máx. estable en
diferentes tests. Sin embargo, encontraron que el déficit máximo de O2 se había
incrementado y esto reflejaba mejor rendimiento en carreras cortas. Biopsias
musculares mostraron una capacidad buffer incrementada en el tejido muscular y
dicha mejora se correlacionaba con una mejora de la capacidad anaeróbica
glucolítica.
Energética del metabolismo muscular en altura
El costo neto de energía de la contracción muscular no cambia en
la exposición aguda o crónica (Carretelli 1980). Por lo tanto, la eficiencia
mecánica del ejercicio, por ejemplo ciclismo, remo, es la misma. La energía
necesaria para ejercicios de resistencia es esencialmente derivada del
metabolismo aeróbico. Una disminución de la fracción inspirada de O2 (PIO2)
lleva a un decremento de la capacidad aeróbica máxima (VO2 máx.). La relación
entre PIO2 y el % del VO2 a nivel del mar no es lineal, teóricamente refleja la
forma de la curva de disociación del oxígeno (Ferreti 1990). Esto podría
explicar porque atletas desaturan más que los sedentarios (Powers et. al.
1988), por lo que experimentan una mayor caída en el VO2 máx. cuando ejercitan
en hipoxia. Otros estudios describen una mejora en la eficiencia mecánica en la
carrera luego de 20 días de entrenamiento en altitudes moderadas.
Valoración de los efectos posteriores a la altitud
Consumo máximo de oxigeno: Es difícil hacer una valoración exacta
pero algunos autores opinan que la altitud tiene un efecto más positivo en los
deportistas con valores más bajos de VO2 máx. lo cual es lógico pues cuando se
tienen valores elevados de VO2 es más difícil mejorarlo.
Adaptaciones hematológicas
El aumento de 2,3-DPG desaparece rápidamente al regresar al nivel
del mar. Al regresar de un período de estancia en altitud se observa un aumento
en los valores de glóbulos rojos y hemoglobina en sangre así como un volumen
plasmático disminuido. El aumento de glóbulos rojos podría ser una ventaja para
el transporte de oxígeno al músculo, sobre todo cuando el gasto cardíaco
regrese a valores normales (3 a
5 días del retorno al nivel del mar).
Las mejoras claras de los niveles de eritropoyetina se han
observado a partir de los 3000
metros, aunque efectos prácticos en altitudes como la de
ciudad de México (2300
metros) se observan niveles elevados de glóbulos rojos
en sus habitantes. Hay que tener en cuenta que solo el riñón nota los niveles
de PO2 normalizado; se disminuye la producción de eritropoyetina y la
fabricación de GR, con lo que en un período corto (No se sabe con exactitud) el
deportista vuelve a sus niveles de pre - altitud. Algunos autores consideran
que el hematocrito no aumenta debido al aumento de GR, sino por la disminución
del volumen plasmático y que, para que aumente claramente la hemoglobina se
necesitan de 3 a
4 semanas de estancia en altitud. No se conoce con exactitud la duración de las
mejoras a nivel hematológico a la vuelta a nivel del mar.
Adaptaciones respiratorias
La hiperventilación que se observa a grandes alturas continúa
varias semanas después del retorno a nivel del mar, aunque en un primer momento
al perderse el estímulo de la hipoxia en los quimiorreceptores periféricos, se
reduce la ventilación. Esta disminución de la ventilación hará que aumente la PCO2 por encima de los valores
anteriores; el aumento en la PCO2
elevará los niveles de CO2 en el líquido cefalorraquídeo, lo cual bajará el pH
y estimulará los quimiorreceptores centrales y aumentará la ventilación. Por
ello, la hiperventilación continua varias semanas después de la vuelta a nivel
del mar, hasta que los valores de bicarbonato del LCR vuelven a la normalidad.
Si bien no parece que el aumento de la ventilación máxima puede influir en los
valores del VO2 máx., ya que la ventilación no se considera un factor
limitante, algunos autores consideran que podría ser beneficiosa en algunos
deportes.
Adaptaciones metabólicas
Uno de los factores principales para el rendimiento aeróbico y el
metabolismo energético, es la mayor o menor densidad capilar en el músculo. Se
conoce que la exposición a la hipoxia favorece la proliferación de capilares
musculares; también es un hecho conocido que el entrenamiento de resistencia
también produce esos cambios; está por verificarse todavía si ambos estímulos
en deportistas de alto nivel, se potencian o no. En estudios bien controlados
se observa una tendencia al aumento de la densidad capilar.
Otro de los factores fundamentales para el metabolismo energético
muscular es la actividad de las encimas oxidativas. Teniendo en cuenta los
pocos datos disponibles hasta la fecha, se podría concluir en forma preliminar
que el entrenamiento en altitud es beneficioso para el metabolismo oxidativo
muscular y el rendimiento aeróbico siempre que se mantengan los mismos niveles
de entrenamiento. En caso contrario, dicho entrenamiento será negativo, por lo
que, cuando no sea totalmente seguro que en altitud se van a poder mantener las
mismas cantidades de entrenamiento que se harían a nivel del mar, es preferible
no entrenar en altitud buscando una mejora aeróbica. Este comportamiento
diferenciado del metabolismo aeróbico podría explicar los contradictorios
resultados en el consumo máximo de oxígeno que se obtienen, algunas veces, a la
vuelta de períodos de entrenamiento en altitud.
El otro gran componente del metabolismo energético muscular son
las enzimas de la vía anaeróbia. Desde un punto de vista teórico, cuando se
quiere entrenar de una manera anaeróbica, este entrenamiento se verá favorecido
por la altitud, debido a la hipoxia que ello implica. En varios estudios en lo
que se valoró el rendimiento en pruebas de gran componente anaeróbio se
observaron mejoras después de estancias en altitud en la que se realizó un
entrenamiento de tipo anaeróbio. Estas mejoras no pueden achacarse a mayor
cantidad de fosfatos de alta energía, ni a una mayor actividad de enzimas
glucolíticas (Aumentan en estadías prolongadas a gran altitud).
La tercera causa que puede ser atribuible a una mayor capacidad
tampón del músculo esquelético. Un estudio realizado al respecto en músculo
humano ha mostrado una mejora en el rendimiento anaeróbico.
Estudios realizados en los altiplanos de Kenia abren también
nuevas perspectivas, pues orientan sobre la idea de que el entrenamiento en
altitud puede mejorar los valores de déficit acumulado de oxígeno, lo que
implica mejora de la capacidad anaeróbia. También parece que disminuye la
producción de amoníaco en el músculo en ejercicio, o aumentan su aclaramiento.
En resumen, el entrenamiento en altitudes moderadas puede tener un
efecto beneficioso en el metabolismo muscular, pero teniendo en cuenta que hay
que mantener unos niveles de entrenamiento similares en intensidad y volumen a
los que se realizarían a nivel del mar, hay que enfocar el entrenamiento para
mejora un solo componente metabólico, hay que planificar en que momento o
momentos de la temporada se realiza y hay que individualizar las cargas de
entrenamiento. Además debido a la respuesta tan individualizada de los
deportistas a la altitud, es conveniente realizar una estancia previa en
altitud para valorar esas respuestas.
{mospagebreak}
Máxima performance en altitud y fatiga MUSCULAR
Como es bien sabido, la intensidad del ejercicio máximo
involucrando grandes grupos musculares decrece en la altitud. Esta reducción en
la potencia máxima es mayor a mayor altitud, y no parece ser influenciada por
la aclimatación (Cerretelli, 1980; Ward, et. al. 1990). Por lo contrario,
durante el curso de la aclimatación la máxima acumulación de lactato en sangre
como consecuencia de un ejercicio de alta intensidad decrece progresivamente.
(Eduards, 1936; Cerretelli 1980; West, 1986). Este fenómeno también es conocido
como la "paradoja del lactato" aún no tiene explicación. En sujetos
aclimatados a gran altitud (5000
metros.) biopsias del músculo vasto lateral tomadas
inmediatamente después de un test progresivo de ciclismo mostraron que en el
agotamiento, el sustrato de energía nucleótido de adenina fue menos deplectado,
tenía menos lactato acumulado, menos glucógeno degradado mientras que el pH
muscular era más elevado comparado con las mismas condiciones a nivel del mar
(Green et al. 1989). Un alto pH muscular y bajo nivel de lactato también fue
confirmado por otros autores (Bender, et. al.; Green et. al.; Young et al.).
Varias hipótesis han sido investigadas para explicar este fenómeno, como la
disminución de la capacidad buffer, la capacidad de la excitabilidad de las
motoneuronas alfa en el sistema nervioso central provocadas por la hipoxia
hipobárica a partir de estudios realizados por B. Kayser, se realizaron
determinaciones electromiográficas y metabólicas de los factores que limitan la
performance y la influencia de la masa muscular en la fatiga, no encontraron
signos de fatiga, electromiográficos ni metabólicos. Una conclusión de estos
trabajos es que la fatiga en grandes altitudes, en hipoxia crónica y para
esfuerzos de grandes grupos musculares, el sistema nervioso central (SNC),
tiene un papel limitante en esfuerzos llevados hasta el agotamiento. A gran
altura la contribución diafragmática a la ventilación durante el ejercicio
decrece en el tiempo. Esta fatiga diafragmática puede contribuir, vía
inhibición refleja a una limitación de la activación motora en gran altitud.
Sin embargo, queda abierta otra cuestión y otros posibles mecanismos, como la
disminución de la disponibilidad de O2 en el SNC, esto también podría jugar un
rol importante.
Según Mishchenko y Monogarov al realizar trabajo pesado, sobre
todo en altura, la disminución de la concentración de bicarbonato sería el
responsable de la disminución de la aparición de lactato en sangre, provocando
acidez intracelular y alcalosis extracelular, lo cual provoca fatiga muscular
local como factor limitante en las cargas físicas efectuadas en la altura.
Mediciones de pH muscular pos ejercicio mostraron valores significativamente
más elevados que a nivel del mar. Podría postularse que existe un déficit en el
transporte de protones H o de lactato pero se contradice con algunos hechos
tales como la distribución en los compartimentos intra y extracelular de
lactato es similar a la de normoxia b) La cinética arterial de lactato durante
la recuperación post esfuerzo supramáximo hasta el agotamiento es similar a la
de normoxia c) El pH muscular es más alcalino. d) En el agotamiento el lactato
arterial y muscular son más bajos que en normoxia.
Según Davies una alcalosis respiratoria a nivel del mar provoca un
incremento en los niveles de lactato o una mayor capacidad glucolítica. Por lo
tanto el efecto de aumento de la ventilación luego de la exposición a la
altitud podría actuar por este mecanismo mejorando el rendimiento en esfuerzos
supramáximos.
Conclusión
El entrenamiento en altura es un recurso especial para generar una
sobrecarga adicional que afecta al deportista en su totalidad. El momento de
aplicación puede variar según el objetivo perseguido, puede ser el de mejorar
la performance para competir en el llano (baja altitud) o para competir en
altitud. En este último caso es importante conocer la altitud de la prueba pero
sabemos que los efectos perjudiciales son dependientes de la misma, por lo que
respetando el principio de la sobrecarga parece lógico no alcanzar
repentinamente alturas elevadas para entrenar, sobre todo si sobrepasan los 3000 metros, algo
habitual en Sudamérica. Las alturas de entrenamiento varían en un rango de 1700 a 2500 metros según
diferentes autores sin embargo recomendable un rango entre 2000 y 2500 metros como
máximo. Para entrenar en mayores altitudes, es razonable hacerlo en altitudes
escalonadas inclusive con ascensos y descensos respetando los mecanismos de
adaptación para cada altura, tal como se hace en el montañismo para evitar una
caída brusca y significativa de la carga absoluta de trabajo y los efectos
negativos de la hipoxia hipobárica por encima de las altitudes moderadas.
Podemos esperar mejoras en la resistencia de base, en la resistencia a la fuerza,
mejorar la capacidad buffer en el músculo esquelético para una mayor capacidad
glucolítica anaeróbica, una mayor tolerancia a la fatiga y una mayor
recuperación en períodos de competencia, mayor control de destrezas técnico
tácticas (bajo condiciones afectadas por la hipoxia).
Cuando se plantea la necesidad de realizar entrenamiento en la
altura es conveniente tener en cuenta previamente las evaluaciones médica,
antropométricas y de capacidades condicionales del deportista. Aunque parezca
obvio, conocer exactamente la altitud a la que se va a entrenar, el terreno y
las condiciones climáticas de la misma. Sobre estos datos datos es posible
determinar los objetivos y utilizarlos de manera conveniente dentro de la
estructura de la planificación.
De esta manera, durante la fase aguda o de acomodación (3 a 5 días iniciales) se harán
las siguientes recomendaciones generales:
·
Al arribar moverse con cautela y no hacer trabajos intensivos de
ningún tipo.
·
Alimentarse con regularidad y moderación con una dieta rica en
carbohidratos e hidratarse.
·
Protegerse de la radiación ultravioleta con cremas pantallas y
anteojos anti UV.
·
Realizar controles de peso e hidratación
·
Controles médicos y bioquímicos
·
La actividad física o entrenamiento debe ser de baja intensidad,
con pausas más prolongadas.
·
Antes de partir debe constatarse un buen estado de salud, buena
capacidad aeróbica y anaeróbica.
Luego de la acomodación le sigue el período de adaptación gradual
de los mecanismos fisiológicos compensatorios que permiten una mayor capacidad
de trabajo, según algunos autores puede durar de 3 a 6 semanas para una mayor
eficacia del entrenamiento.
Durante este período la carga puede incrementarse gradualmente
tanto en la resistencia aeróbica como en la velocidad, resistencia de fuerza y
áreas anaeróbicas. En la medida en que la aclimatación mejora las respuestas a
la carga impuesta (factores individuales) se producirán mejoras en el
rendimiento. Al final es recomendable 2 o 3 días de descarga.
Al regreso a baja altitud le sigue una fase de readaptación
durante la cual aparecen algunos síntomas como irregularidad respiratoria,
bradicardia, sensación de fatiga al esfuerzo, que se van regularizando
gradualmente. Los efectos de la altura pueden evidenciarse entre los 7 y los 30
días de esta fase.
SOBREENTRENAMIENTO EN
DEPORTES DE MONTAÑA
No es fácil definir el sobreentrenamiento. Son muchos los factores
que pueden provocar esta situación, pero en cualquier caso sus consecuencias
son nefastas para el deportista. El cuerpo humano es una máquina que requiere
un mantenimiento muy preciso si se desea llevarlo a un estado de máximo
rendimiento físico.
El sobreentrenamiento se produce por el efecto repetido de hechos
que superan la capacidad de asimilación de nuestro organismo. Lo más habitual
es pensar en un "exceso" de entrenamiento. De hecho suele ser así.
Pero lo importante es comprender que el progreso físico es un ciclo continuo de
trabajo y recuperación. Ambas entidades determinan el avance, el estancamiento
o el retroceso. Nos sobreentrenamos cuando no somos capaces de equilibrar el
ritmo de trabajo-recuperación. Sea cual sea tu condición física, eres
susceptible de encontrarte en este estado. Pensar que es exclusivo de atletas
confirmados es un error. Muchos aficionados al deporte creen que un estado de
cansancio "perenne" es propio de la actividad deportiva. Falso. El
estado habitual del deportista debe ser la plenitud, con independencia de que
en determinadas fases de su preparación y/o competiciones la fatiga esté
presente.
El deporte es para muchos una actividad gratificante y su aporte a
nuestro bienestar físico y emocional es palpable en muy poco tiempo si se
respetan unas líneas directrices elementales. Consecuencia de este estado de
plenitud, la motivación por la práctica de nuestra actividad deportiva aumenta
considerablemente, tanto a veces, que supera el potencial de nuestro organismo
para asumir la carga de trabajo. Es fácil pensar que si hoy hemos entrenado
durante dos horas a buen ritmo y aún así sentimos que nos quedan fuerzas, 3
horas hubieran sido todavía más productivas. Tal vez, pudiera ser, pero no hay
garantías. El principio de "más igual a mejor" es anacrónico y
quienes lo defienden demuestran su ignorancia, pero es en el caso de los
entrenadores donde no se puede admitir. Muchos deportistas han destrozado sus
carreras deportivas al someterse durante largo tiempo a entrenamientos
extenuantes que no respondían a un planteamiento personalizado. Tal vez un
exceso de autoestima o tal vez un entrenador incapaz, o lo que es peor, un
entrenador frustrado que asigna los entrenamientos como si de una guerra se
tratase.
El ciclo "esfuerzo-recuperación" requiere de un contexto
específico a cada persona. El esfuerzo debe ser gradual y contemplar periodos
con objetivos concretos. De lo contrario el deportista no canaliza
correctamente su trabajo, y en unos casos no incide con suficiencia, y en otros
lo hace más allá de sus posibilidades. Esta es una situación, por desgracia,
muy frecuente.
Volvamos al sobreentrenamiento. Éste puede ubicarse en tres
niveles que nos permitan situar nuestro estado. En ningún caso son preceptos
inamovibles. Posteriormente comentaremos los hechos más frecuentes que lo
provocan y la forma de evitarlo.
Sobreentrenamiento leve
El deportista no está especialmente motivado por el entrenamiento.
Con independencia de si compites o no, entrenar no debe ser un calvario. Nadie
duda que quien decide llevar su esfuerzo deportivo al plano de la competición
debe luchar contra situaciones incómodas, (dolor físico, calor, frío, etc.),
pero son inherentes a su actividad y el deportista lo sabe. Si el calor, un
programa de televisión o cualquier otro hecho de poca relevancia en
circunstancias normales de motivación, nos hacen pensar si debemos o no
entrenar, podemos tener el inicio de un sobreentrenamiento. Esta situación si
es aislada no debe preocuparnos, pero si se identifica con frecuencia, algo ha
cambiado.
En este punto es esencial hacer referencia al aspecto emocional
del sobreentrenamiento. Es frecuente encontrar una evidente conexión entre
rendimiento físico y mental. De hecho se puede constatar el positivo efecto que
ejerce la actividad física moderada en personas con problemas emocionales, en
especial, aquellos relativos a la falta de seguridad en uno mismo. Este importante
aspecto lo trataremos en un futuro artículo. Si el deportista ha tenido
recientemente, o está teniendo, problemas de índole emocional, (pareja,
familia, amistad, valores personales, inseguridad laboral, cambios drásticos de
contexto personal, etc.), es normal que su motivación por el deporte se
resienta. En este caso se debe ser especialmente cuidadoso y valorar lo que
supone el deporte para la persona y lograr que este aporte a la solución del
problema o en su defecto, a la mejor asimilación del mismo.
Si no encontramos causas aparentes que puedan hacer que se
resienta la motivación, su descenso, como ya indicábamos es una primera señal.
El segundo aspecto que podemos reseñar es la percepción de la merma en nuestro
rendimiento. Oímos con frecuencia a esquiadores de montaña o fondo decir,
"hace dos semanas por aquí iba como una moto y los dos últimos días no
puedo" o también, "no lo entiendo, parece que se me haya olvidado
hacer los giros". Ambos casos delatan una disminución en el rendimiento.
En el caso de deportes que requieran cierta técnica para aprovechar al máximo
el esfuerzo es muy típico ver como el estilo se "pierde" cuando
estamos fatigados. Por ejemplo, en los esquiadores de fondo, (al margen de
problemas con las ceras), excesivos patinazos, en montaña, giros incompletos
que provocan caídas.
En tercer lugar, y como consecuencia lógica, sensación de que
"algo no va bien". Parece obvio, pero cuando el deportista se
encuentra pletórico raras veces cuestiona su preparación. En el momento en el
que surgen dudas sobre la validez del trabajo realizado también podemos
encontrar un indicador. Es esencial reseñar en este aspecto que muchos
deportistas, incluso los que alcanzan un rendimiento que los sitúan en lo más
alto de las competiciones, no entienden claramente el efecto del entrenamiento
y como se comporta su organismo durante la preparación desde una óptica global.
Sencillamente hacen lo que les dicen o lo que siempre han hecho, o lo que es
peor, someten su preparación estrictamente a sus inquietudes a corto plazo, lo
que es adecuado para quien busca sentirse "sano", pero absolutamente
inoportuno para quien desea alcanzar un rendimiento óptimo y creciente.
Por ello es fundamental comprender el efecto del trabajo en el
tiempo, respetando fases de avance, otras de mantenimiento, y, aceptémoslo,
otras de descenso de las prestaciones. Esto nos invita a pensar que un
deportista serio sabrá reconocer en que situación se encuentra actualmente y
diferenciar entre una fase de "no avance" y un estado de sobreentrenamiento.
No obstante, aunque no busques un objetivo competitivo tu
preparación debe respetar un ciclo lógico de trabajo y recuperación. No abuses
si no dispones de tiempo suficiente para descansar, no puedes alimentarte
correctamente o no disfrutas de un estado emocional que garantice la
asimilación de tus entrenamientos. Adecua tu esfuerzo a tu contexto de
recuperación. Siendo realistas, si trabajas 8 o 10 horas estando de pie, comes
cuando puedes y lo que puedes y al llegar a casa encuentras un clima "difícil"
que aún se acrecienta por el hecho de practicar deporte, (algo tristemente
habitual), tu rendimiento no será el que alcanzará un individuo con el mismo
perfil genético pero que disfrute de suficiente tiempo libre, alimentación
acertada y personas que se ilusiones con sus objetivos. Ser realista con uno
mismo es un excelente método de llegar todo lo lejos que tus circunstancias te
permitan. Conocemos casos de personas que con una preparación aparentemente
escasa pero muy adaptada al contexto de recuperación, (más entrenamiento
aquellos días que se sabe que se podrá a continuación descansar más y mejor,
por citar un ejemplo), han logrado avances substanciales, frente a, por
desgracia, personas que con "circunstancias difíciles" se han obcecado
en entrenar de forma muy intensa y que apenas a mejorado.
Finalmente en este apartado de "leve sobreentrenamiento"
el deportista puede reconocer claramente sensaciones fisiológicas, como un
pulso en reposo superior entre 5 y 10 pulsaciones al medido en condiciones de
equilibrio "esfuerzo-recuperación", dolor o pesadez muscular e
incluso disminución en el deseo sexual. Como parece lógico, todas las
circunstancias pueden entremezclarse, complicar el proceso y por supuesto,
confundir al deportista sobre su situación física.
{mospagebreak}
Sobreentrenamiento moderado
Como ya hemos comentado los tres niveles de sobreentrenamiento
expuestos son simplemente una clasificación que nos permita conocer el impacto
de nuestra fatiga. Este segundo nivel, denominado "moderado" es
producto de la insistencia. Si ya identificamos los síntomas o señales del
estadio anterior, continuar con un entrenamiento intenso nos sitúa en un estado
de riesgo potencial para nuestra salud como deportistas.
En situaciones normales, una persona sensata disminuiría el trabajo
deportivo. No obstante, bien por una obsesión, motivación perniciosa o
exigencias deportivas, el atleta puede insistir. Es común oír a deportistas
decir, "esta semana más de entrenamiento duro y después descanso".
Normalmente el tiempo juega en contra y se pretende lograr en pocos
entrenamientos lo que razonablemente debería haberse obtenido en un periodo
mayor que contemplara sesiones de asimilación.
En este punto sólo nos queda emplear la sensatez y comentar qué
podemos hacer si hemos entrado en el desagradable estado de sobreentrenamiento.
En primer lugar, acudir inexcusablemente a un médico deportivo que
nos realice las pruebas necesarias para determinar la gravedad del
sobreentrenamiento. No acudir, bajo ningún concepto a personas que carezcan de
una visón global y que con remedios caseros o milagrosos puedan recuperarnos.
Sólo el médico puede conocer la realidad del problema. Nuestro consejo es que
no esperes a pensar en si debes seguir con el deporte o no. En cuanto sientas
debilidad, malestar, dificultad para completar tus entrenamientos, o
simplemente, cuando crear que "algo no va bien", acude al
especialista.
En segundo lugar, y en paralelo a la medida anterior, cesa
inmediatamente con cualquier actividad deportiva exigente. Algunos días de descanso
total serán positivos. Cuando te encuentres algo mejor, prueba con otras
actividades deportivas en las que no tengas referencias de tu rendimiento.
Prueba, si puedes, algún deporte de equipo o disfruta de paseos por el campo.
Si practicas alguna modalidad de ski, lleva los bastones y trabaja también tus
brazos.
El tiempo de descanso activo sólo lo puede determinar tu médico.
No obstante piensa que si el exceso es "leve" 8 o 10 días pueden ser
suficientes si sabes hacer correctamente las cosas: fuera obsesiones, descanso
incrementado, al menos una hora más de sueño al día, y una alimentación
especialmente cuidada en la que abunden verduras y frutas, cantidades moderadas
de pescado azul y frutos secos y una base sólida de legumbres y pastas. Evita
al máximo los fritos, el embutido, el alcohol y los azúcares refinados.
Desde este momento incorpora el pulsómetro en tu preparación.
Empléalo siempre que quieras tener un control del entrenamiento. Su verdadero
valor está en que te permite "no pasarte", algo difícil cuando uno se
siente bien, pero como ya hemos indicado, un entrenamiento planificado
contempla sesiones intensas, pero otras muchas, deben mantenerse dentro de unos
límites, y es ahí, donde tu pulsómetro te ayudará a no sobreentrenarte.
La siguiente medida, es de sentido común, pero al perecer es un
sentido "poco común". Entrena a tu ritmo. Si lo haces con compañeros
aclara tus objetivos de ese día y cíñete a lo establecido. Podéis pactar
algunos puntos del recorrido donde poder reagruparos. En el esquí de fondo o
montaña las diferencias en las ascensiones pueden ser tales, que unos pueden
mantener el habla y otros sólo podrían balbucir "socorro". Los
segundos apuestan fuerte por el sobreentrenamiento. Si contemplas el
entrenamiento en grupo como una carrera, nunca llegarás a correr carreras de
verdad. Si tu orgullo es tal que cada entrenamiento es "a vida o
muerte", debes reflexionar seriamente sobre el sentido, y no sólo eso, si
no sobre las consecuencias, de esa forma de pensar.
Incluye alguna bebida deportiva para tu hidratación en los
entrenamientos exigentes o en los que las temperaturas te hagan sudar mucho. No
obstante no desatiendas la hidratación en los momentos fríos. Se produce una
deshidratación importante aunque no lo creas. Igualmente come cuando las
sesiones superen la hora y media. En cualquier caso no pases muchas horas entre
cada comida. Hay muchos suplementos deportivos que se transportan cómodamente y
que no deben faltar en las sesiones largas. Una falta de alimento puede agravar
la situación. Por desgracia muchos deportistas no entienden el pernicioso
efecto de entrenar con unos niveles bajos de azúcar en sangre. Simplemente
cuidando este aspecto, muchos deportistas pueden mantener durante más tiempo el
rendimiento.
Finalmente, recuerda que si en tu preparación te quedas corto,
siempre podrás mejorar, pero si te pasas, probablemente pierdas mucho más
tiempo en recuperar tu forma.
Fisiología del ejercicio
aplicada al niño
Cuando enfrentamos la bibliografía que refiere al organismo humano
y su respuesta frente al esfuerzo físico, nos encontramos casi siempre que la
mención de las mismas se refiere al individuo adulto y por lo general a los
deportistas. Así sea para adaptarse al ejercicio simple u ocasional o al
ejercicio regular, el niño - como el adulto - experimenta cambios fisiológicos
particulares.
Respuestas metabólicas
El Metabolismo Aeróbico: El VO2 Max. (Consumo máximo de oxígeno) refleja
el nivel del metabolismo aeróbico y su reconversión de energía. El VO2 Máx. en
valores absolutos (lts. min.) aumenta con la edad sin grandes diferencias entre
ambos sexos hasta los 12 años aprox. , a partir a aquí los varones marcan un
aumento comparativamente mayor que niñas. El aumento se mantiene en los varones
hasta los 18 años y en las niñas hasta los 14 años.
De acuerdo a esto la potencia aeróbica absoluta esta menos
desarrollada en los niños que en los jóvenes y adultos. Lo que sucede es que el
niño, cuya masa corporal es pequeña, no necesita un elevado VO2 Máx. Absoluto.
Por ésta razón para poder comparar la Máxima Potencia
Aeróbica entre individuos que difieren en su masa corporal, es necesario
expresar el VO2 Máx. en valores relativos, o sea en relación al peso corporal (
ml.kg.min.)
El VO2 Máx. en valores relativos, no varía casi nada en los
varones, pero disminuye continuadamente en las niñas fundamentalmente a partir
de la pubertad. Esta caída en las niñas debe atribuirse, entre otros factores,
al incremento de la grasa corporal que se aprecia en ellas con el paso de los
años.
Las diferencias entre ambos sexos, se hacen mínimas si comparamos
el VO2 Máx. en relación a la masa corporal magra, lo que nos confirma el
concepto anterior.
Otro aspecto importante es el estudio de la Eficiencia mecánica en
relación al VO2 Máx. El costo de la marcha y la carrera es mayor en los niños
expresado en valores relativos. Cuanto más joven mayor es el costo del
ejercicio, lo que refleja como concepto un aumento en la economía del
movimiento a partir del desarrollo.
Con estos elemento aparecen contrapuestas 2 variables, por un lado
el alto VO2 Máx. en valores relativos y por otro el alto costo metabólico de la
marcha y la carrera. El ejercicio regular disminuye el costo energético del
esfuerzo, o sea aumenta la eficiencia mecánica.
Si tomamos la diferencia entre el VO2 Máx. y el VO2 necesario para
la realización del ejercicio, representamos la Reserva Metabólica.
Y es aquí donde los niños se encuentran en desventaja. Por ejemplo, si tomamos
una intensidad de carrera de 180 mts. por minuto, vemos que un niño de 8 años
trabaja al 90 % de su VO2 Máx. , mientras uno de 16 años - para la misma
intensidad - trabaja solo al 75% de su VO2 Max.
Este es uno de los elementos para explicar la menor capacidad de
los niños sobre carreras de resistencia de larga duración. Podemos decir que
metabólicamente los niños pueden mantener una carrera lenta por un tiempo
importante, pero generalmente su nivel de concentración no se los permite.
En los niños las enzimas Oxidativas trabajan mejor que las
glucolíticas, presentando similar capacidad que los adultos en cuanto al
reclutamiento de fibras tipo I (Ia y Ib) y también al volumen mitocondrial.
Incluso pueden tener mayor número de mitocondrias y del conjunto de componentes
enzimáticos oxidativos, lo que determina una posibilidad de mayor
aprovechamiento de los ácidos grasos libres en relación a los adultos. (Bell,
Mac Dougall, Billeter, Howald, Weiss, 1981).
El Metabolismo Anaeróbico: La capacidad de los niños de trabajar en forma
Anaeróbica es sensiblemente menor a la de los adolescentes y a la de los
adultos. Por ejemplo, la potencia Anaeróbica generada por un niño de 8 años es
el 70% de la que puede generar uno de 11 años.
Una serie de características bioquímicas fundamentan ésta
condición, donde se destaca un menor nivel de reservas de Glucógeno y
fundamentalmente una menor capacidad enzimática glucolítica ( PPK, PDH, LDH)
Si comparamos la potencia Anaeróbica alactácida con la lactácida -
ambas componentes de la potencia Anaeróbica - apreciamos una diferencia de
comportamiento entre ambas. Desde el punto de vista metabólico el niño puede
realizar esfuerzos de breve duración y alta intensidad , no siendo otra cosa
que el modo natural de jugar, expresado por una alta potencia alactácida
similar a la de los adultos y con una alta entrenabilidad.
Mientras que la energía para el trabajo intenso y prolongado es
muy limitada debido a las pobres condiciones enzimáticas y de los sustratos de
la vía metabólica lactácida. A lo que se agrega que su estimulación temprana es
inútil debido a la falta de predisposición metabólica-enzimática, expresada en
la baja capacidad de producir lactato.
Niños de 5 a
6 años presentaron un 50% de la función de la LDH en comparación con sus valores 10 años
después. (Haralambie)
Si observamos la transición aeróbica- anaeróbica y la deuda de
oxígeno, vemos que los niños tienen una transición hacia la fase estable más
corta que en los adultos. Si lo expresamos numéricamente los niños necesitan 2
minutos para alcanzar la fase estable, mientras los adultos necesitan 4 minutos.
Este menor tiempo de transición determina que el niño no necesite "hechar
mano" importante a la vía glucolítica.
Pero además, es lógico pensar que un cuerpo pequeño puede
abastecerse más rápido de oxígeno que uno grande.
{mospagebreak}
Respuestas cardiovasculares
El gasto cardíaco (Q), para iguales VO2 , es algo menor en los
niños que en los adultos. El gasto cardíaco máximo es menor en valores
absolutos en los niños más pequeños, lo que determina una disminución del poder
transportador de oxígeno que se encuentra compensado en parte por una mayor
capacidad de extracción del mismo.
El volumen sistólico ( V.S.), es marcadamente menor en todos los
niveles de ejercicio. Para iguales VO2 Máx. los más jóvenes tienen corazones
más pequeños, lo que es un factor determinante del menor volumen sistólico.
Esto nos confirma una mayor diferencia arteriovenosa de oxígeno
(dif. A-v O2) como expresión de una capacidad de extracción de oxígeno
aumentada.
La Frecuencia cardíaca ( F.C.)
compensa en parte el bajo volumen sistólico, ya que es siempre mayor, en todos
los niveles de ejercicio. Los valores máximos de la misma disminuyen casi 1
ciclo por minuto al año. Los valores submáximos también declinan con los años
lo que representa el aumento de la llamada Reserva cardíaca.
El mayor Flujo Sanguíneo Muscular en los niños representa una más
favorable distribución de la sangre durante el ejercicio. Esto facilita el
transporte de oxígeno al músculo activo y junto con el aumento de la diferencia
arteriovenosa de oxígeno compensa el bajo gasto cardíaco.
El comportamiento de la presión arterial (P.A.) muestra valores
sensiblemente menores para edades menores. En ejercicios dinámicos la P.A. sistólica aumenta en
relación al aumento del gasto cardíaco y la frecuencia cardíaca, mientras la
diastólica se mantiene debido a la baja resistencia periférica. En ejercicios
estáticos la P.A.
sistólica y diastólica aumenta en relación directa al grado y duración del
esfuerzo.
El niño activo aumenta su volumen cardíaco, ya que sigue las
mismas leyes adaptativas que el adulto, el ejercicio aeróbico en el período
prepuberal estimula el aumento de la red vascular periférica, lo que determina
que en los años sucesivos la sobrecarga presora sea menor. El trabajo
cardiovascular aumenta predominantemente sobre la base del aumento predominante
de la frecuencia cardíaca sobre el volumen sistólico, con una baja eficiencia
cardíaca.
Alcanzan con facilidad frecuencias de 200 o más ciclos por minuto,
con curvas ascendentes y descendentes del pulso de comportamiento similar a las
de los adultos. Esta diferencia en el comportamiento del pulso se debe a un
predominio del sistema simpático adrenérgico, factor determinante de sus
elevadas frecuencias cardíacas.
Con el entrenamiento aeróbico los niños están capacitados de manera
similar a los adultos en cuanto a:
·
Incrementar el Consumo de oxígeno en valores relativos.
·
Incrementar la silueta cardíaca.
·
Reducir la frecuencia cardíaca para igual esfuerzo submáximo.
Los niños pueden incluso llegar a un VO2 Máx. de aproximadamente
70 ml/kg/min., magnitud que poseen los buenos fondistas adultos (Keul, 1982)
Esto no significa que niños entrenados presenten iguales rendimientos que los
adultos ya que su menor contenido de hemoglobina, su ineficiencia cardíaca, su
estructura mecánica pequeña y su porcentaje menor de masa muscular, marcan
diferencias absolutas importantes.
Respuesta respiratoria
La respuesta al ejercicio en los niños es similar ala de los
adultos, con algunas diferencias cuantitativas. La Ventilación Pulmonar
(VE) máxima, en valores absolutos aumenta con la edad y en valores relativos es
igual en adultos, jóvenes y niños. La
VE submáxima disminuye con la edad, lo que sugiere una menor
Reserva Ventilatoria en las edades infantiles.
La VE y el VO2 aumentan
linealmente hasta el punto del "breaking" respiratorio donde la VE se acelera marcadamente,
determinando una elevación del Equivalente Respiratorio debido a tener que
aumentar la cantidad de litros de aire movilizados por cada litro de oxígeno
consumido.
Si analizamos el comportamiento del Equivalente Respiratorio, el
niño presenta una ventilación antieconómica, ya que debe mover más aire por
litro de oxígeno consumido. Comparado con adultos y adolescentes, los niños
responden al ejercicio con una alta Frecuencia Respiratoria (F.R.) y una
ventilación superficial.
La volumetría pulmonar nos muestra un conjunto de parámetros que
están directamente relacionados con las dimensiones corporales. Por ello no
podemos decir que - para iguales dimensiones - el niño activo tiene pulmones más
grandes. Sin embargo los niños activos poseen volúmenes pulmonares más
elevados, lo que no representa una contradicción, sino que se refiere a que el
niño activo posee una mayor coordinación neuromuscular que determina un mejor
uso del diafragma.
A la fisiología del ejercicio aplicada al niño le falta aún camino
por recorrer, esperando resultados de numerosos estudios longitudinales en
proceso, que nos darán una valiosa información para el desarrollo futuro de la
educación física y el deporte infantil.
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