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Comenzamos la marcha alrededor de
las 10 de la mañana de un domingo inestable en lo meteorológico, nubes y
claros, (a esta hora mas claros que nubes) rodeados de un paisaje tan deseado
todo el invierno como impresionante a estas alturas de año. En el Puerto de
Navacerrada, lugar de inicio de esta tradicional marcha del Grupo, nos espera
una nevada que hará que gran parte del recorrido sea espectacular.
Ascendemos a buen ritmo hacia el
Alto del Telégrafo, lugar donde en otro tiempo se encontraba un puesto de
transmisión de mensajes por este medio. Sin la nevada aun son visibles las
ruinas del telégrafo que da nombre a esta cima.
El grupo, compuesto por 22
“valientes” (que al resto les ahuyentó una mas que probable tormenta que al
final no se produjo), se estiraba llegando al descampado antes de comenzar el
ascenso al primero de los picos (septimo si usais alguno de los mapas o libros
de Madrid ya que “sus” Siete Picos comienzan donde nosotros ponemos el final).
Breve descanso para unificar filas.
Comenzamos a subir rodeados ya por
una niebla poco densa y sintiendo que a cada paso sobra una prenda de ropa. El
primero de los Siete Picos se alza ante nuestra vista.
Rodeado en todas sus caras de hielo
y nieve nos hace desistir de cualquier planteamiento de escalada al mismo por
el riesgo, innecesario a todas luces, que implicaría subir a su cima. Comienza
a nevar sobre nosotros suavemente haciendo que, con ausencia de viento, resulte
un espectáculo admirable.
Seguimos avanzando entre una
monumental nevada, en ocasiones nos llega a las rodillas, por la cara norte de
los picos rodeando cada uno de ellos hasta que alcanzamos el último y
comenzamos a descender por un canchal otros dias incómodo pero que la nevada
nos hace más fácil, rápidamente hasta el Collado Ventoso. Nueva parada que
unifique filas y de nuevo un leve ascenso que nos situa en el Cerro Ventoso
donde comprobamos el porqué de su nombre.
Es el único lugar de todo el
recorrido donde el viento sopla.
Una bonita bajada entre pinos nos
lleva hasta el Puerto de la
Fuenfría, úncio paso transitable entre Madrid y Segovia
durante siglos hasta que se abrió el Puerto de Navacerrada. Sigue nevando
levemente. Reponemos fuerzas intercambiando dulces y salados y algunos
compañeros se despiden y emprenden camino hacia Navacerrada por el Camino
Smith. El resto nos encaminamos hacia Valsaín tomando como via la Calzada Romana de la Fuenfría.
Dejamos a la derecha el convento de
Casarás (Casa Eraso) mandado construir por un rey como lugar de descanso tras
haber sufrido su esposa embarazada grandes penas en el largo viaje entre Madrid
y el Palacio de Valsaín. Hoy totalmente en ruinas se está intentando salvar lo
poco que queda.
Seguimos el monótono camino pisando
cada vez menos nieve, hemos descendido ya bastante altitud, y nuevamente nos
detenemos para concentrar el grupo en Fuente La Reina y tomar el camino que
rodeando Camorca, Camorquilla y Cerro Pelado nos deja en la pista asfaltada,
volvemos a concentrarnos todos, y de ahí a Valsaín al que llegamos sobre las
15:15 donde nos espera un buen refrigerio a base de zumos y frutas variados y
donde ponemos, por este año, fin a la
Marcha de Siete Picos.
Es curioso cómo de caprichoso es el
clima. Todo el invierno esperando una nevada, siquiera una nevadita, que nos
saque de casa a disfrutar de los paisajes de nuestra sierra, a manchar los guetres
y desempolvar crampones y raquetas y, mira por donde, lo obtenemos a unas alturas de año que
ninguno de nosotros siquiera sospechábamos.
Esa nieve dio un toque especial a la Marcha y nos hizo disfrutar
a noveles y expertos, jóvenes y no tan jóvenes de una jornada montañera
inolvidable como cada una de ellas.
Que cada cual se quede con su
momento, con su imagen personal y que pronto nos juntemos de nuevo para
emprender otra salida en la que disfrutar de uno de los pocos lugares a los que
aun no ha llegado el hormigón y las urbanizaciones.
Javier
Garcimartín Galindo
www.aguacero.eu
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